La discusión sobre la educación dominicana suele comenzar por el presupuesto: cuánto se asigna, cuánto se ejecuta, cuántas escuelas se construyen, cuántos equipos tecnológicos se entregan y cuántos estudiantes están incorporados a la Jornada Escolar Extendida. Todos esos datos son relevantes, pero describen principalmente insumos. El resultado final de una política educativa es otro: qué puede comprender, razonar y resolver el estudiante después de años dentro del sistema.
Ese es precisamente el enfoque del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, PISA. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) lanzó el programa en 1997 y realizó la primera evaluación en el año 2000. La prueba se aplica a estudiantes de aproximadamente 15 años y evalúa hasta qué punto pueden utilizar conocimientos y competencias en Lectura, Matemáticas y Ciencias frente a situaciones reales. No mide simplemente memoria curricular; busca identificar capacidad de comprensión, razonamiento, interpretación y aplicación.
PISA 2025 reunió a más de 760,000 estudiantes de 91 países y economías. República Dominicana participa desde 2015, por lo que ya dispone de cuatro ciclos comparables: 2015, 2018, 2022 y 2025. Esa continuidad permite analizar la política educativa dominicana con una perspectiva que supera el discurso de una administración específica y obliga a mirar tendencias de largo plazo.
- Diez años de PISA: República Dominicana mejoró, pero no logró despegar
La primera precisión es fundamental: no es correcto afirmar que República Dominicana ha retrocedido de manera continua. Los datos muestran una caída en 2018, una recuperación importante en 2022 y, posteriormente, un estancamiento estadístico en 2025. La lectura técnica debe partir de esa secuencia y no de una narrativa previamente escogida.
| Año | Matemáticas | Lectura | Ciencias |
| 2015 | 328 | 358 | 332 |
| 2018 | 325 | 342 | 336 |
| 2022 | 339 | 351 | 360 |
| 2025 | 339 | 346 | 361 |
Entre 2018 y 2022, Matemáticas pasó de 325 a 339 puntos, Lectura de 342 a 351 y Ciencias de 336 a 360. Sin embargo, la OCDE concluye que los resultados de 2025 fueron estadísticamente aproximadamente iguales a los de 2022 en las tres áreas. Matemáticas permaneció en 339 puntos, Lectura descendió numéricamente de 351 a 346 y Ciencias pasó de 360 a 361. En otras palabras, el país se recuperó del bajo desempeño de 2018, pero no consiguió un nuevo salto de aprendizaje en el ciclo siguiente.
Tampoco existe un único “mejor año PISA”. En Lectura, el valor más alto dominicano continúa siendo 2015, con 358 puntos; en Matemáticas, 2022 y 2025 comparten el máximo de 339; y en Ciencias el valor más alto es 2025, con 361. Si solo con fines descriptivos se observaran conjuntamente las tres áreas, 2022 aparece como el ciclo más sólido, pero ese promedio simple no es un indicador oficial de la OCDE.
El dato verdaderamente preocupante aparece cuando dejamos de mirar únicamente los puntajes promedio y observamos los niveles de competencia. En PISA 2025, apenas 9 % de los estudiantes dominicanos alcanzó al menos el nivel básico en Matemáticas, 23 % en Lectura y 26 % en Ciencias. Eso significa que aproximadamente 91 de cada 100 estudiantes evaluados están por debajo del nivel mínimo en Matemáticas, 77 de cada 100 en Lectura y 74 de cada 100 en Ciencias. Además, 69.3 % presentó bajo desempeño simultáneamente en las tres áreas.
La cuestión central no es si el país mejoró algunos puntos, sino por qué, después de años de reformas e inversión, una mayoría tan amplia de estudiantes sigue sin alcanzar competencias básicas.
Esto no significa que todo esté mal. Ciencias presenta una mejora de largo plazo y PISA también registra un nivel relativamente alto de apoyo docente percibido por el alumnado. La lectura correcta, por tanto, no es negar los avances, sino reconocer que esos avances son insuficientes frente a la magnitud de los recursos, el tiempo escolar y las políticas aplicadas.
- La inversión y la Jornada Escolar Extendida: más recursos no garantizan más aprendizaje
República Dominicana ha sostenido durante más de una década una inversión educativa considerable. Desde 2013 comenzó a aplicarse el 4 % del PIB destinado a la educación preuniversitaria; en 2014 se firmó el Pacto Nacional para la Reforma Educativa 2014-2030; y paralelamente se ampliaron infraestructura, formación docente, primera infancia, currículo, alimentación escolar, tecnología y Jornada Escolar Extendida. El presupuesto inicial del MINERD para 2025 ascendió a RD$309,832.2 millones, equivalente a aproximadamente 20.9 % del gasto inicial del Gobierno Central.
Por eso, atribuir los resultados exclusivamente a falta de recursos sería técnicamente débil. Puede discutirse si determinados programas necesitan más financiamiento, pero el volumen del gasto obliga a evaluar otra dimensión: la calidad con que esos recursos se convierten en aprendizaje. Ejecutar un presupuesto es un indicador administrativo; producir competencias en los estudiantes es el resultado sustantivo que justifica ese gasto.
La Jornada Escolar Extendida ilustra bien esta diferencia. Inició en 2011-2012 con 8,969 estudiantes y luego fue convertida en política nacional. Para el año escolar 2024-2025, 1,411,718 estudiantes —aproximadamente 54 % de la matrícula nacional— estaban incorporados a tanda extendida. La política amplió el tiempo disponible dentro de la escuela, pero la pregunta ya no puede ser cuántos estudiantes permanecen ocho horas en el centro, sino cuánto aprendizaje adicional producen esas horas.
Un estudio técnico del Banco Interamericano de Desarrollo publicado en 2024 encontró que el impacto académico de la Jornada Escolar Extendida, en los resultados analizados entre 2010 y 2019, fue relativamente bajo e inestable. Esto no significa que la jornada extendida deba eliminarse. Significa que el tiempo adicional debe estar vinculado a enseñanza efectiva, recuperación de aprendizajes, lectura, razonamiento matemático, ciencias, tutorías, disciplina académica y evaluación continua. Ocho horas de permanencia no son automáticamente ocho horas de aprendizaje.
La política educativa dominicana ha demostrado capacidad para ampliar cobertura, infraestructura y tiempo escolar. El desafío es demostrar qué aprendizaje adicional produce cada uno de esos insumos.
- El Salvador como contraste: no para copiarlo, sino para entender por qué obtiene mejores resultados
El Salvador resulta útil como punto de comparación precisamente porque tampoco es un sistema educativo de alto desempeño internacional. Sigue por debajo del promedio de la OCDE y enfrenta limitaciones importantes. Sin embargo, es un país latinoamericano con menor población, menor matrícula y una estructura educativa más pequeña que, desde su entrada a PISA, ha obtenido resultados superiores a República Dominicana.
| Área PISA 2025 | El Salvador | Rep. Dominicana | Diferencia |
| Matemáticas | 346 | 339 | +7 |
| Lectura | 366 | 346 | +20 |
| Ciencias | 385 | 361 | +24 |
| Resolución computacional de problemas | 401 | 379 | +22 |
El Salvador ya había superado a República Dominicana en PISA 2022, por lo que sería metodológicamente incorrecto atribuir toda la diferencia a una política reciente o a una sola administración. Lo que sí puede examinarse es la dirección de las políticas y la forma en que los recursos se conectan con metas, indicadores y seguimiento.
En 2025, el ramo de Educación, Ciencia y Tecnología de El Salvador representó aproximadamente 15.9 % de su presupuesto general, mientras que el MINERD dominicano representó alrededor de 20.9 % del gasto inicial del Gobierno Central. República Dominicana tenía aproximadamente 11.43 millones de habitantes y una matrícula de 2,612,882 estudiantes; El Salvador, alrededor de 6.34 millones de habitantes y una matrícula aproximada de 1,267,468 estudiantes. Estas cifras no son perfectamente equivalentes porque las estructuras fiscales y educativas difieren, pero sí sirven para plantear una pregunta legítima: si República Dominicana compromete proporcionalmente más recursos, ¿por qué no obtiene mejores aprendizajes?
El contraste tampoco debe convertirse en una idealización de El Salvador. Sus resultados siguen siendo bajos internacionalmente. El interés está en identificar prácticas que merecen estudio: la reforma Mi Nueva Escuela, la orientación hacia competencias, la modernización curricular, la atención a primera infancia, la infraestructura vinculada a aprendizaje y, más recientemente, programas con lógica de resultados verificables. La lección no es copiar un modelo, sino estudiar qué funciona, bajo qué condiciones funciona y qué puede adaptarse responsablemente.
- Dónde se rompe la cadena: asistencia, tiempo efectivo, evaluación y capacidad de corregir
PISA 2025 ofrece pistas concretas sobre dónde puede estar perdiéndose parte de la inversión. En República Dominicana, 50 % de los estudiantes evaluados declaró haber faltado al menos un día completo de clases durante las dos semanas previas a la prueba y 45 % dijo haber faltado por lo menos a una clase. En El Salvador, esos porcentajes fueron 38 % y 24 %, respectivamente. La diferencia no explica por sí sola los resultados, pero evidencia que estar matriculado y disponer de una jornada extensa no significa necesariamente recibir todo el tiempo de aprendizaje previsto.
El clima de aula también importa. En República Dominicana, 40 % de los estudiantes reportó ruido y desorden en la mayoría o todas las clases de Ciencias y 37 % indicó que sus compañeros no escuchaban al profesor. En El Salvador esos indicadores fueron 35 % y 31 %. Una política educativa no puede controlar todos los factores familiares o sociales, pero sí debe medir asistencia, disciplina, uso efectivo del tiempo y capacidad de recuperación cuando un estudiante se rezaga.
Aquí aparece la paradoja dominicana. El país no carece de planificación. Posee MINERD, IDEICE, evaluaciones diagnósticas, pruebas nacionales, participación en PISA, planes operativos, currículo por competencias, Jornada Escolar Extendida, el Pacto Educativo y, desde febrero de 2025, el Plan Decenal Horizonte 2034. El problema parece estar menos en la ausencia de instrumentos que en la capacidad de cerrar el ciclo entre evaluación y corrección.
Por esa misma razón, sería incorrecto declarar fracasado a Horizonte 2034 utilizando PISA 2025: el plan fue aprobado apenas meses antes de la aplicación de la prueba. Los resultados de un estudiante de 15 años reflejan experiencias acumuladas durante aproximadamente una década de escolarización. PISA 2025 debe servir como línea base para exigir resultados futuros al plan, no como sentencia sobre una política que apenas comenzaba.
También debe cuidarse la forma en que se comunican los datos. El MINERD destacó mejoras de 2025 frente a 2018, lo cual es cierto en varios indicadores. Pero la comparación completa exige mostrar también 2022, respecto del cual la OCDE concluye que no hubo una mejora estadísticamente significativa en las tres áreas principales. Además, existe una discrepancia entre la cifra de Matemáticas 2018 utilizada en un comunicado del MINERD —334 puntos— y la serie oficial de la OCDE, que registra 325. La respuesta responsable no es presumir manipulación, sino explicar técnicamente la diferencia o corregirla si se trata de un error.
Una política pública madura no selecciona únicamente el punto de comparación más favorable. Presenta la serie completa, explica las limitaciones y utiliza la evidencia para corregir decisiones.
- El debido proceso aplicado a la política educativa: de gastar y ejecutar a medir y corregir
El principio de trazabilidad no es ajeno al marco educativo dominicano. El Pacto Nacional para la Reforma Educativa 2014-2030 ya plantea mecanismos transparentes, cronogramas, metas cuantificables, seguimiento, evaluación y retroalimentación. El país, por tanto, no necesita descubrir esa lógica; necesita aplicarla con mayor rigor y convertirla en una obligación de gestión.
El debido proceso de una política educativa debería comenzar con un diagnóstico verificable y una línea base; continuar con objetivos mensurables, responsables identificables, presupuesto vinculado a resultados y un cronograma; y cerrarse con evaluación independiente, publicación de resultados y medidas correctivas. Si una política funciona, se fortalece. Si funciona parcialmente, se ajusta. Si después de un período razonable no produce el efecto previsto, se reformula o se sustituye.
Esto implica cambiar la forma en que se mide el éxito. La Jornada Escolar Extendida debe evaluarse por aprendizaje adicional, no solo por cantidad de estudiantes incorporados. La formación docente debe medirse por cambios en prácticas pedagógicas y resultados, no solo por certificados emitidos. La tecnología debe demostrar competencias adquiridas, no únicamente dispositivos entregados. La infraestructura debe relacionarse con asistencia, permanencia y condiciones de aprendizaje. Y cada programa debe permitir seguir el dinero desde el presupuesto hasta el resultado educativo que justificó su existencia.
| Problema de gestión | Respuesta exigible |
| Resultados bajos por centro, distrito o regional | Diagnóstico y línea base pública con metas de mejora. |
| Presupuesto desconectado del aprendizaje | Asignar recursos a indicadores concretos de resultado. |
| Ausentismo y pérdida de tiempo efectivo | Seguimiento periódico de asistencia, disciplina y tiempo real de enseñanza. |
| Programas sin impacto demostrado | Evaluación independiente, corrección o sustitución. |
| Datos comunicados de forma parcial | Publicar series completas, metodología y comparaciones consistentes. |
República Dominicana hace varias cosas bien: mantiene una inversión elevada, amplió la cobertura, consolidó una jornada extendida de gran alcance, ha mejorado en Ciencias y cuenta con una arquitectura institucional capaz de medir. El problema no es negar esos avances. El problema es que todavía no existe una relación suficientemente visible y exigible entre lo que se invierte, lo que se ejecuta y lo que finalmente aprende el estudiante.
- Conclusión: el reto ya no es tener más, sino obtener mejores resultados con lo que tenemos
PISA 2025 no demuestra que República Dominicana haya fracasado en todo, ni que El Salvador haya resuelto su sistema educativo. Demuestra algo más preciso y más incómodo: después de años de inversión, reformas, Jornada Escolar Extendida, infraestructura, tecnología y planificación, el nivel de competencias básicas sigue siendo extraordinariamente bajo y el país no logró avanzar significativamente respecto de 2022.
La comparación con El Salvador no debe utilizarse para importar recetas ni para hacer propaganda. Debe servir para recordar que los recursos, por sí solos, no producen resultados. Una política pública de calidad necesita trazabilidad: saber qué problema intenta resolver, cuánto cuesta, quién es responsable, cómo se mide, qué resultado obtuvo y qué decisión se toma cuando ese resultado no aparece.
La educación dominicana necesita preservar lo que funciona, abandonar la complacencia con los indicadores de insumo y exigir que cada gran programa pueda demostrar su impacto. El verdadero éxito no es ejecutar el 100 % del presupuesto, incorporar más centros a Jornada Extendida o entregar más equipos. El éxito es que el estudiante que no comprendía un texto pueda comprenderlo, que quien no resolvía un problema matemático pueda resolverlo y que quien memorizaba Ciencias aprenda a razonar con evidencia.
El verdadero indicador no es cuánto dinero entra al sistema educativo. Es cuánto conocimiento sale de él.
El Debido Proceso RD — Justicia. Transparencia. País.
Fuentes principales consultadas
OCDE: PISA 2025 Results, notas país y perfiles comparados.
MINERD: Resultados PISA 2025, Plan Decenal Horizonte 2034 y documentación de Jornada Escolar Extendida.
DIGEPRES: Presupuesto General del Estado y asignación presupuestaria del MINERD.
Ministerio de Hacienda de El Salvador: Presupuesto General del Estado y ejecución del ramo de Educación, Ciencia y Tecnología.
Banco Mundial: Indicadores demográficos y programas educativos de El Salvador.
Banco Interamericano de Desarrollo: Do Longer School Days Improve Learning? The Case of the Dominican Republic.
Pacto Nacional para la Reforma Educativa 2014-2030: Compromisos dominicanos de seguimiento, evaluación, metas y transparencia.
Nota metodológica. Las comparaciones presupuestarias entre países deben interpretarse con cautela porque las estructuras fiscales, clasificaciones del gasto y responsabilidades institucionales no son idénticas. En este artículo se utilizan como herramienta para analizar calidad del gasto y trazabilidad, no como prueba automática de eficiencia o ineficiencia. PISA permite comparar resultados de aprendizaje, pero por sí solo no establece causalidad entre una política específica y una puntuación.