UN HALLAZGO SIN PLAN DE MEJORA SOLO ANUNCIA QUE EL PROBLEMA VOLVERÁ

Supervisar no basta; si el ayuntamiento no convierte la observación en corrección, el problema se tapa, se arrastra y reaparece en la gestión siguiente.

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DETECTAR UNA FALLA NO BASTA. SI EL HALLAZGO NO SE CONVIERTE EN UN PLAN DE MEJORA CON ACCIONES, RESPONSABLES, PLAZOS, EVIDENCIA Y SEGUIMIENTO, EL PROBLEMA SOLO QUEDA ANUNCIADO, NO RESUELTO. EN MUCHOS AYUNTAMIENTOS ESO PERMITE QUE LA DEBILIDAD SE MANTENGA, SE OCULTE O SE TRASLADE A LA GESTIÓN SIGUIENTE, EN VEZ DE CORREGIRSE DE RAÍZ.

En muchos ayuntamientos, la supervisión termina en una observación, en un informe o en una conversación interna, pero no siempre se transforma en una mejora institucional real. Y ahí está uno de los mayores vacíos del control interno local: se detecta la debilidad, pero no se reorganiza la institución para corregirla. Entonces el hallazgo no produce solución, sino apenas constancia de que el problema existe. La Ley 10-07 no concibe el control interno como simple revisión; obliga a las entidades públicas a acatar oportunamente las recomendaciones formuladas para fortalecer el control interno y a convenir cronogramas para su implantación. Es decir, el sistema legal dominicano no se conforma con que el problema sea detectado; exige que se convierta en mejora verificable.

Por eso, aquí conviene explicar con claridad qué es un plan de mejora. No es un documento decorativo ni una lista de buenas intenciones. En la práctica institucional dominicana, un plan de mejora es el conjunto ordenado de acciones correctivas que una entidad asume para eliminar o reducir debilidades detectadas en una autoevaluación, en una supervisión o en un proceso de monitoreo. El MAP, al explicar el modelo CAF, dice expresamente que el plan de mejora es “un conjunto de acciones que se aplican para eliminar esas áreas de mejoras encontradas en el autodiagnóstico”. En otras palabras, el plan de mejora es la ruta que conecta el problema detectado con la corrección institucional que debe ejecutarse.

Esa definición importa mucho en el ámbito municipal, porque los ayuntamientos suelen convivir con debilidades repetidas: expedientes incompletos, procedimientos no escritos, servicios mal definidos, archivos desorganizados, estructuras poco claras, supervisión débil o funciones mal segregadas. Si cada vez que eso se detecta solo se produce una observación sin plan, la institución no mejora; simplemente acumula diagnósticos. Y una institución que acumula diagnósticos, pero no ejecuta planes de mejora, termina normalizando sus fallas.

La Guía V de Monitoreo y Evaluación de las NOBACI refuerza exactamente esta lógica. La Contraloría explica allí que del diagnóstico integral del sistema de control interno debe derivarse un plan de acción de mejoramiento, concertado con la máxima autoridad y con las unidades vinculadas, para corregir las debilidades encontradas. Por tanto, la supervisión seria no termina cuando se descubre la falla; termina cuando esa falla se traduce en responsables, acciones, plazos y seguimiento.

Aquí es donde debe entrar una crítica más aterrizada a la realidad local. En muchos gobiernos locales no siempre prefieren elaborar un plan de mejora real ni darle seguimiento. A veces se deja la observación en un informe, se reconoce el problema en reuniones internas o se comenta entre departamentos, pero no se convierte en una agenda obligatoria de corrección. ¿Qué ocurre entonces? Que lo malo se mantiene, se oculta o se maquilla, pero no se resuelve. Y así, lo que debió corregirse en una gestión se arrastra hasta la siguiente, que recibe no solo el problema, sino también la falta de cabeza documental e institucional para reorganizarlo correctamente.

Eso se ve con claridad en los propios planes de mejora institucional publicados por ayuntamientos en SISMAP Municipal. Esos documentos muestran una estructura básica muy útil: identifican el área de mejora, el objetivo, las tareas, el tiempo, los recursos, el indicador y el responsable de seguimiento. Es decir, el sistema ya ofrece una forma concreta de traducir debilidades en acciones de mejora. El problema, entonces, no es que no exista una herramienta; el problema es que muchas veces no se asume con la seriedad necesaria o no se le da continuidad suficiente.

Y aquí aparece otro problema muy real: no todo hallazgo se convierte en prioridad de gestión. Algunas autoridades prefieren resolver lo visible, lo políticamente rentable o lo que puede exhibirse rápido, mientras las debilidades estructurales quedan para después. Entonces no se reorganiza el archivo, no se escribe el procedimiento, no se redefine la función, no se levanta la información faltante, no se corrige el control interno. Se “le pasa la mano” al problema, se le da una salida superficial y hasta se presenta como si fuera una solución nueva, cuando en realidad la base sigue rota. Lo que se inaugura muchas veces no es una solución institucional; es apenas una nueva capa sobre el mismo vacío.

Por eso el plan de mejora es tan importante. Porque obliga a pasar de la reacción al método. Un buen plan de mejora debería responder, por lo menos, estas preguntas: qué problema se detectó, por qué ocurre, qué acción concreta lo corrige, quién será responsable, en qué plazo debe ejecutarse, qué evidencia demostrará la corrección y quién dará seguimiento. Si el hallazgo no baja a ese nivel, la supervisión queda en el aire. Y una supervisión que se queda en el aire solo anuncia que el problema volverá.

También hay que decir algo incómodo, pero necesario: a veces se usa como excusa que “no se paga lo suficiente” o que “no hay motivación” para no darle seguimiento a las mejoras. Es verdad que en muchos gobiernos locales existen limitaciones reales de recursos y de capacidad institucional. Pero convertir esa realidad en justificación permanente para no corregir procesos, no ordenar expedientes o no implantar mejoras mínimas termina haciendo más daño. Porque entonces la debilidad deja de ser un problema temporal y se convierte en cultura institucional. Y cuando la mala práctica se vuelve cultura, ya no se necesita una crisis para fallar; la institución falla por inercia.

Eso no significa ignorar la necesidad de mejores condiciones laborales o de más recursos. Significa algo distinto: que la ausencia de condiciones óptimas no puede servir de excusa para no hacer lo básico en materia de organización, seguimiento y corrección. Muchas mejoras no dependen solo de grandes inversiones; dependen de decisión institucional, disciplina documental, claridad de responsabilidades y voluntad de seguimiento. Un expediente mejor ordenado, un procedimiento corregido, una función aclarada o una recomendación implantada no siempre exigen mucho presupuesto, pero sí exigen gerencia y compromiso.

Además, un plan de mejora no solo beneficia a la institución abstracta. También protege al personal serio que quiere trabajar bien. Cuando existe una ruta de mejora formal, con responsables y evidencia, el servidor público deja de moverse solo por intuición o por presión del momento. Tiene un marco para corregir y demostrar que corrigió. Sin ese plan, en cambio, todo queda más expuesto al comentario, al señalamiento y a la memoria selectiva de cada quien.

Desde la perspectiva del control interno, el problema de no dar seguimiento a las mejoras es gravísimo. Una institución que detecta una debilidad y no la corrige deja constancia de que conoce el problema, pero permite que continúe. Eso debilita la seriedad del control y afecta la credibilidad misma del sistema de supervisión. La Pauta V-001 de las NOBACI existe precisamente para ayudar a determinar el grado de implantación del componente de monitoreo y evaluación; es decir, no basta con revisar, también hay que verificar si las mejoras realmente se están implantando.

En el fondo, este tema habla de madurez institucional. Un ayuntamiento madura cuando deja de conformarse con diagnosticar y empieza a corregir con método. Cuando entiende que una observación sin acción no mejora nada. Cuando asume que dejar los problemas “para la próxima gestión” no resuelve, sino que posterga y agrava. Y cuando comprende que ocultar una debilidad bajo una solución superficial no es avanzar: es hacer más difícil que la siguiente administración encuentre una base sana para reorganizar.

Por eso, un hallazgo sin plan de mejora solo anuncia que el problema volverá. Y un plan de mejora sin seguimiento solo maquilla la intención de corregir. Lo que fortalece de verdad al ayuntamiento es otra cosa: convertir la supervisión en acciones concretas, las acciones en evidencia y la evidencia en una mejora que no dependa del discurso, sino de una institución que realmente aprendió a corregirse a sí misma.

Fuentes consultadas: Ley 10-07 del Sistema Nacional de Control Interno y de la Contraloría General de la República; Decreto 491-07; Guía V de Monitoreo y Evaluación; Pauta V-001; MAP sobre Modelo CAF y plan de mejora; planes de mejora institucional publicados en SISMAP Municipal.

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